No estoy segura si es la primera vez que escribo sin sentirme realmente triste. Usualmente este blog me servía para escribir y botar mis emociones negativas, pero ahora es diferente, tengo ganas de escribir y no estoy triste. En realidad quiero llorar, pero porque me siento muy feliz.
El 22 de agosto planeé este viaje, le escribí a JD, un amigo que vive en Talara y que no veía hace mil años y él me dio todo el ánimo y empuje que me faltaba. En ese momento acaba de salir o estaba saliendo de un bajón emocional por un cúmulo de sentimientos que me invadieron desde que regresé de viaje, desde emoción al 1000% hasta un montón de inseguridad y tristeza. Le podría echar la culpa a una persona pero sería no hacerme cargo de lo que siento. O sea, con las actitudes que tuvo digamos que fue un buen maestro y aprendí muchas cosas de mi interacción con él.
Cuando empecé a pensar en irme de viaje solo quería alejarme de él, quería olvidarme de todo lo que me había dicho, de sus incoherencias, de sus actitudes de mierda, de cómo me sentí después de la última vez que nos vimos. Quería estar lejos de él, aunque de hecho ya lo estaba. Quería cambiar de ambiente, huir de lo que estaba sintiendo y pensé que un viaje sería la solución.
Pasaron las semanas y me fui desconectando de él. Me conecto rápido pero tb me desapego rápido (aunque esta vez un poquito menos rápido que otras veces). Conocí personas nuevas con una energía que me gustaba, volví a ver a amigos que no veía, empecé mis clases de marinera (lo más hermoso de este año), empecé el gym, volví a enfocar mi energía. Pero me perdí en algún punto.
En algún momento me concentré tanto en seguir eliminando cualquier pensamiento de este chico de mi vida, que me centré en cosas tan superficiales -como salir a juerguear o a reus- seguido, sólo por salir. En realidad bailando se me olvidan los problemas y me relajo, pero a veces nisiquiera tenía sentido para mí o no me provocaba tanto, pero me quería demostrar a mi misma que podía salir y divertirme sin él y sin nadie. Empecé a salir en semana, me despertaba y solo quería que pasen las hora para ir al gimnasio y olvidarme otro rato de mis responsabilidades. Lo último de lo quería saber era de chamba.
Todo lo que tenía que ver con trabajo me irritaba, me desanimaba y me ponía de mal humor, me desenfoqué, y siento que todo empezó a desequilbrarse. Esa no era yo, y no me gustaba esa Karla. Se acercaba la fecha del viaje y empecé a sentir algunas cosas y pensamientos -tema de otro post- que hicieron que tenga más ganas de alejarme de Lima y su gente, de los fines de semana de allá, del trabajo, de mi roomie y hasta de Ludovico.
Cuando llegué estaba super feliz, tal vez por momento un poquito triste, salí a juerguear, conocí gente nueva, personas de otras partes del Perú, de otros paises, bailé, comí, compartí, me reí, me robaron un par de besos (literal fueron un robo). Pasaron lo días en compañia y decidí un tiempo estar sola, moverme a mis tiempos, a mi ritmo, quedarme pensando en nada, en todo, estar en la playa sola, en ver tela, meterme a la piscina, hablar con desconocidos, sentí miedo de caminar sola o estar sola en la playa pero es parte de la experiencia y tener miedo es como una brújula que te permite tomar decisiones. Disfruté mi tiempo sola. Me sentí bendecida y agradecida de poder sentir el mar, su sonido, el olor, los sunsets, la ballenita que apareció. Me sentía realmente privilegiada de vivir.
Pensé en todo lo que había pasado desde el 7 de agosto de 2020, en cómo me había sentido, en qué pasaba conmigo, por qué surgieron esas inseguridades, en las personas con las que había conectado en las últimas semanas, en mis salidas a juerguear solo por salir, en el desgano que sentía muchas veces y total apatía por trabajar. Me empecé a reír de lo insignificante que se veían muchas cosas analizándolas en retrospectiva. No voy a negar que conversar con dos personas de manera específica ayudaron mucho en ese "darme cuenta", pero con toda la gratitud que sentía en mi corazón y pensando que todo lo que pasaba era perfecto, sentí que todo lo exterior (personas, cosas, situaciones) dejaba de tener poder sobre mí, simplemente lo dejé ir. Empecé a pensar y enfocarme en lo que era prioritario para mí en este momento y lo que realmente me sumaba: marinera, alimentación, Ludovico, familia, amigos, personas que me ponen de buen ánimo, trabajo (en ningún orden en particular). Luego pensé que juerguear está bien, pero siempre que sean personas con las que me siento bien, cómoda y me hagan reír y siempre que pueda bailar y cantar un montón, como si no hubiera nadie a mi al rededor. Me di cuenta que tomar alcohol los fines o seguido no me agrada mucho, porque no me hacía sentir bien ni física ni emocionalmente. Decidí alejarme totalmente de algunas personas. Decidí cortar vínculos que no me sumaban y por el contrario me empujaban a actuar y pensar de manera superficial, no me sentía auténtica.
Decidí tomarme todo más ligero, confiar más en mí, sentir más y pensar menos. A veces está bueno meditar y ser reflexivos para ciertas cosas o tomar ciertas decisiones, pero quisiera actuar más en base a lo que siento en el momento sin hacer un análisis costo beneficio de cada decisión de mi vida, fluir sin pretender ni limitarme. A pesar de haberlo pasado increíble, no tenía ganas de quedarme, por el contrario tenía ganas de volver y ordenar mi mundo y entorno.
Me sentía más ligera, con otra actitud y tenía en la mente todo lo que había aprendido estos días conmigo misma y también con las personas que me rodearon. Me sentía super conectada con mi esencia y con mis sentimientos, me sentí más auténtica que nunca.
Ha sido un buen viaje. Me encantó tener tanto tiempo sola. Me encantó sentir el mar, las olas, el sol en el cuerpo, el ardor en la espalda, como se iluminaba mi cara bajo el sol, mi cabello ondulado por la sal del mar y el sol, el color de mis piernas marrones y doradas. Era justo lo que necesitaba y fue exactamente como lo necesitaba.