Una persona que te sorprende.
Una persona a la que no quieres dejar ir nunca.
Una persona que se siente como un rayito de sol, que te calienta el alma en la mitad del frio invierno.
Te inunda de ternura y cariño con solo ser ella, con mirarte y sonreírte.
Es de esas personas que te quitan el miedo a ser vulnerable y mostrarte, mostrar tu esencia y sentimientos.
Te vuelven más valiente.
Es de esas personas que no se limitan, que saben expresarse y viven sin miedos.
Una persona que te ayuda a ver el mundo de otra manera con su alegría, su sinceridad y su nobleza.
Una persona que sabes que está de paso, pero deja una huella grande que será imborrable y quieres que sea así.
Esa persona a la que probablemente no vuelvas a ver porque la vida es caprichosa, pero siempre llevarás un poquito de ella en ti.
Porque un día cualquiera te cambió la vida. Empezaste a brillar y a sonreír mucho más.
Una persona que con su seguridad, humildad, su mirada noble y sincera, su capacidad de expresarse sin temor, logra que vuelvas a creer. Que vuelvas a darle una oportunidad a la vida.
Entonces vuelves a creer, vuelves a ver lo bonito que puede ser arriesgarse, sin miedo a perder.
Porque aún existen personas así, personas bonitas que aunque aparezcan un ratito, te alegran el alma para toda la vida, aunque estén al otro lado del planeta.