Te echo de menos, me cuesta aceptarlo después de el tiempo que ha pasado, después de haberte dicho "adiós" más de una vez. Lo cierto es que te echo de menos y sé muy poco de ti, de cómo estás, qué sientes, qué haces; tal vez te preguntes: ¿Y a ti que te importa?, lo cual es totalmente válido; pero a tu pregunta, mi respuesta: Me importa, me importas tú, y quiero saberte bien, aunque tal vez te moleste, te fastidies o no te guste, eso sí no me importa.
Te echo de menos pero mi orgullo puede más, mucho más, lo suficiente como para no preguntártelo, para no escribirte, porque siento que recibiré una respuesta escueta y floja de tu parte, y ¿sabes?, eso me dolería en el alma, por eso prefiero ahorrarme ese dolor y quedarme con la duda.
Aquí estoy, escribiéndote otra vez sin que me leas, pensándote sin que me pienses, sintiéndote sin tenerte cerca. Te olvido sin olvidarte y solo para que lo sepas, las ganas de verte siguen ahí; quisiera volver a sentirte cerca y no me refiero "a mi lado" o físicamente cerca, sólo cerca de alguna manera. No puedo negar que tu ausencia me ha afectado y ha puesto mis días de cabeza, y pesar de todas las semanas que han pasado desde que ya no estás, sigo pensándote a gritos pero cada vez te escucho menos; trato de entretener mi mente de mil formas y lo hago -momentáneamente-, pero nuevamente caigo en lo mismo y vuelvo a pensar qué estarás haciendo en este preciso momento mientras escribo, preguntándome si aún queda cariño o aprecio, si volverás algún día, si aún te gusto, si esta historia continúa.
Quiero creer que puedo, pero olvidarte será complicado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario