lunes, 5 de diciembre de 2022

Vivir

Vivir, sanar y recaer también es parte del proceso. Hay días en los que siento el cielo cerca, siento que puedo tocarlo y me siento plena; siento que nadie puede conmigo y yo puedo con todo.

Otros días siento un vacío muy profundo, aún hay cosas que me duelen. Aún siento dolor, a veces. aún siento miedo, a veces. Pero ya no me aterra, no me aterra tener miedo, no me aterra sentir algún vacío o sentir angustia. No me aterra sentir que me fallan, no me aterra perder a alguien. No me aterra caerme. Me abrazo. Me soporto.

Me pertenezco y aunque me resbalo e incluso caigo, aunque me pasa todo, me paro y continúo. Avanzo, nunca me quedo quieta, siempre avanzo, siempre sigo. 

Mi vulnerabilidad no me hace débil, me hace sentir más fuerte y humana, me caigo y me vuelvo a levantar con toda la energía, porque cuando me caigo, descanso, me dejo ir y regreso.

Tengo el alma vibrando a cada segundo, nada es demasiado grande para mí ni para mi corazón. Sanar es así, sanar duele y nos sacude, pero esos choques y golpes son lo que me permiten saber qué he crecido, que estoy reparándome, de adentro hacía afuera, que sigo avanzando. Paso a paso, con tropezones, pero sin parar, sin rendirme.



No hay comentarios:

Publicar un comentario