martes, 15 de febrero de 2022

Baby

Hola baby, hoy pensé en ti, pensé en ti y no te extrañé.

Pensé en ti baby, pensé en ti y no quise volver a sentir tu piel.

No te voy a mentir, a veces extraño las noches de invierno contigo. Pero no sólo las noches de invierno contigo, baby.

Hoy pensé en ti baby y tuve más ganas de disfrutar de mi independencia.

Baby, nunca te he dicho baby, nunca te he dicho de ninguna forma, baby. No fue necesario.

Nunca fuiste mío y nunca fui tuya. Y qué suerte tuvimos.

Hoy pensé en ti baby y me di cuenta que fuimos momentos cortitos que ya no existen.

Fuimos acompañantes silenciosos que no quisimos compartirnos con nadie más.

Hoy pensé en ti baby, pero mi piel ya no te recuerda. 

Llegamos en silencio, nos quisimos casi en secreto y nos fuimos sin hacer mucha bulla. Como la gente ordinaria.

Adiós baby. 

Las manos

El roce de la piel es necesario. Puedes salir mil veces con una persona, pueden mirarse a los ojos por horas, pueden conversar hasta la madrugada todos los días, pero nada reemplaza el contacto físico. La química que se genera cuando de casualidad o a propósito se tocan un poco, ligeramente. Desde ese momento ya se generan mil reacciones que cada uno de los involucrados pueden sentir en secreto y lo notan, pero no lo dicen. Ninguno quiere ponerse en evidencia y menos de manera prematura. Es el miedo, el miedo de que la sensación haya sido totalmente unilateral.

Más importante aún es cuando se juntan las manos. Si sientes comodidad en ese momento es una señal de que las cosas van bien, de que lo sigas intentando. Cuando los dedos se entrelazan y encajan perfectamente, estás en un buen lugar. Solo disfruta el momento, no saben cuánto durará.

He tocado muchas manos, he entrelazado los dedos muchas veces con diferentes personas. He tocado las manos de personas que he querido muchísimo, pero no he sentido esa conexión que para mí es necesaria, que te hace querer más. Si las manos no se desesperan por estar juntas, por tocarse, unirse, entonces algo anda mal, algo falta. He visto a personas también una vez en mi vida y por diferentes motivos hemos tocado nuestras manos y la sensación ha sido increíble. Son esas conexiones que siempre van a estar y quedarse como un recuerdo y nada más. Yo recuerdo cada una de esas veces.

Detesto que me agarren las manos sin realmente apretármela, no mucho, lo necesario para que todos los dedos toquen el torso. Eso que te permite percibir que la persona quiere sentir toda tu mano y probablemente más. La desidia o timidez de la otra persona, o tal vez inseguridad se nota cuando toma tu mano.

Asegúrense de tocar muchas manos en sus vidas, no se limiten ni prohíban esa experiencia, se pueden sorprender. Prueben, intenten, palpen, toquen, atrévanse, conozcan otras pieles, otras vibras, descubran. Tómense el tiempo para percibir las texturas, para experimentar los que esa piel y esas manos transmiten, y sobre todo, para descubrir de lo que ese roce te hace sentir. 

miércoles, 9 de febrero de 2022

La mente

Siento que estoy en un momento de mi vida en que estoy enfocada en mi salud, en mi estado emocional, en mi crecimiento persona, en crecer profesionalmente. Como no me pasaba hace algunos meses, tengo ganas realmente de trabajar todo lo que pueda y tratar de equilibrarlo con mi crecimiento personal, solo eso. 

Había decidido que nada fuera de eso pueda afectarme. No siento esa necesidad imperiosa de ver a mis amigas o hacer planes de fin de semana, salidas, citas. Me parece irrelevante en este momento, o al menos no quiero darle mayor importancia de la que debería tener. Siento que tomar esta actitud me da control sobre mi vida y me hace sentir en paz. Usualmente involucrarme emocionalmente o apegarme a un poquito a una persona, puede llegar a generarme cierta inquietud porque voy a estar más al tanto de sus actitudes, intenciones y palabras.

Conecté con un par de personas últimamente, y claro, en la medida que me sentía bien hablando con ellas, les daba mi espacio y tiempo (mi tiempo, lo que más valoro últimamente), pero también tomaba una actitud un poquito distante cuando ya no tenía nada que decir o ya no me provocaba. Lo dejaba ahi y seguía con mi vida, tenía la convicción de que si había un poco más de interés esa persona de alguna forma me iba a buscar o intentaría contactarme.

Estoy en una posición en que no quiero mover ni un  solo dedo, un  poco indiferente, alejada, estar sola, tener tiempo para estar sola sin esperar nada de nadie. No estoy pensando en tener citas, en salir con alguien, en que me inviten a salir el fin de semana. Valoro mucho dormir, comer rico, ordenar mis cosas, estar en mi ambiente. Tal vez es por el tiempo que me sentí perdida en "relaciones" o "vínculos" que no funcionaron que me siento super reticente a caer en esa situación. Si algo se da, no será por mi, yo no quiero mover ni un dedo para que algo funcione, no me voy a mover mientras no me sienta en un lugar seguro. Sin expectativas. Me cuesta confiar en lo que dicen las personas. Me cuesta confiar en sus intenciones.

No quiero perder tiempo con conversaciones vacías o vínculos sexuales casuales. Siento que me desenfoca, me quita energía y no me lleva a nada. Solo quiero rodearme de personas que aporten a mi vida, que me puedan ayudar a crecer, mental, espiritual y profesionalmente, que me sumen, no que me roben energía porque sé lo que yo pueda dar. Sé lo que llevo a la mesa y espero lo mismo. 

Sí me siento un poco limitada y temerosa por mis vínculos pasados y experiencias. Tal vez un poco a la defensiva. Pero tengo que separar eso, tal vez volver a confiar un poco más en ellos y en mí. Lo cierto es que cuando más interés he mostrado por alguien, esas personas han sido más idiotas. Puede que yo los elija mal, puede que me haya estado involucrando con personas en misma sintonía, que no sabían que querían exactamente -al igual que yo- y por eso aceptaba situaciones que no debía, porque finalmente para mí no debía ser un tema.

Lo cierto es que hoy por hoy me cuesta abrirme, dar chance, ganas de involucrarme, le quito mi atención super rápido.

domingo, 6 de febrero de 2022

La vida

Qué increíble lo caprichosa que puede ser la vida y no se cansa de demostrármelo.

Cuando crees que tienes todo bajo control, planeas tus días, tu vida, haces una programación con fechas y horas de todo lo que tienes que hacer cuando llegues a tu destino después de 10 días -necesarios- de viaje: Teatro, gimnasio, citas médicas, clases de marinera, amigos, salidas pendientes, compras y derrepente todo cambia. Vuelo cancelado. Te desesperas, vuelves a programar todo, tratas de no salirte del plan y otra vez la vida, se encarga de moverte todo lo planeado.

¿Qué puedes hacer? Ya es la segunda vez en menos de 48 horas que te cambian los planes sin que puedas hacer mucho al respecto. Tiene que ser una señal que debes ver sí o sí, no puedes forzar algo que no está destinado a que pase. 

Para una persona a la que le gusta hacer planes y tener todo bajo control -como yo- es algo difícil, pero cada vez menos. 

No hay alternativa no forzada para hacer este viaje. Solo queda aceptar, soltar y agradecer. Esto es algo que vengo aprendiendo en estos últimos meses. Se me han presentado mil situaciones -aunque previsibles algunas- fuera de mi control, para prácticar el mantener la calma y controlar mis ganas de querer controlar -casi- todo. 

Es bonito cuando aprendes a ver la vida de otra manera, más ligera, aunque ello implique algo de "dolor", es un "dolor" que transforma. 

Por algún motivo la vida no quiere y no permite que regrese a Lima aún. No sé qué tiene preparado, no sé cómo vendrá mañana. Así que solo me queda disfrutar de estos días lejos, rodeada de gente bonita 🤎. 

martes, 1 de febrero de 2022

Escribo

Escribo para para sentir y sentirme.

Escribo para liberarme de mis emociones, para reconocerlas, abrazarlas un ratito y dejarlas ir.

Escribo porque escribir me ayuda a encontrarme cada vez que me pierdo.

Escribo porque así puedo expresarme, gritar a través de cada palabra.

Escribo porque puedo revivir momentos cada vez que lo necesito.

Escribo para contar experiencias, para contar sobre la vida a través de mis ojos.

Escribo porque así me sigo conociendo y descubro partes de mi esencia que estaban escondidas.

Escribo porque en cada palabra me reconozco más.

Escribo porque es mi momento de máxima intimidad.

Escribo para conversar conmigo, una conversación de a dos. Yo y mi alma.

Escribo porque me siento libre, porque no hay libertad más grande de elegir lo que piensas, y en cada frase escrita está mi libertad.

Escribo porque me hace sonreír.

Escribo, porque escribir es una muestra más de que estoy viva.