martes, 18 de enero de 2022

Polaridades

¿En qué momento cambié?

Estaba volviendo a leer "La Tregua" de Mario Benedetti y ayer me topé con una frase con la que yo siempre me sentí identificada, al menos durante mi etapa universitaria: "A mi me cuesta ser cariñoso, inclusive en la vida amorosa. Siempre doy menos de lo que tengo. Mi estilo de querer es ese, un poco reticente, reservado al máximo solo para las grandes ocasiones."

Es que yo era así. O creía que era así. No sé si en su momento lo hice para protegerme, protegerme del dolor, de las decepciones o de cualquier tipo de sufrimiento - que ya vivía pero por motivos no románticos-. No sé si el ambiente en el que viví durante esa etapa me volvió así. Pero recuerdo ser distante y fría, recuerdo ser bastante indiferente con las personas que se me acercaban, callada y estar a la defensiva. No me enamoraba, no me ilusionaba. Durante los años de universidad recuerdo haber estado ligeramente emocionada dos veces (hasta que llegó mi ex de varios años). No me gustaba ser así, no me reconocía, pero no recuerdo haber salido lastimada de ninguna situación sentimental.

Ahora, por el contrario, siento que me he vuelto más cariñosa, o tal vez siempre lo fui pero solo durante mi época universitaria -por mil motivos externos- me volví un cubo de hielo. No lo sé. Me gusta ser cariñosa, abrirme, demostrar, pero siento también que, desde que abrí esa puerta, me coloqué en una posición de vulnerabilidad y sí que la he pasado mal, aunque debo confesar que también lo he disfrutado y he recibido ese mismo nivel de cariño e incluso más, hasta el punto de creer que era ilimitado. 

Después de todo, tal como me dijo mi mejor amiga: "No limites tu cariño, pero resérvalo solo para quién lo merezca, el cariño y la confianza se gana" y cuánta razón hay en eso. 

Entonces, puedo elegir, puedo decidir -porque finalmente todo es cuestión de decisión- volver a ponerme mil capas y mantenerme ajena a todo, volverme "fría" -total, ya tuve un buen referente- o seguir exponiéndome. Puedo elegir ser como mi papá, una persona que decide ocultar lo que siente, le cuesta mostrar sus sentimientos, llora en silencio, le cuesta aceptar sus heridas y sale al mundo como alguien "duro" o puedo elegir ser como mi mamá, tratando de ver lo mejor en las personas, siendo inocente sobre la bondad en el mundo, dando todo con el gran corazón que tiene, siendo ella en cada beso y abrazo que reparte gratis. Aún no lo he decidido y probablemente necesite definirlo próximamente. 

Lo cierto es que hoy, me siento más decidida y más capaz de cuidar de mí, de mis sentimientos y pensamientos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario